sábado, 14 de enero de 2012

De torres y faros

Soy de Gijón pero hace ya años que vivo en Oviedo. No es mal sitio para estar, la gente es agradable y es una ciudad acogedora, pero tras el traslado eché de menos dos cosas: el mar -con eso ya contaba y no hay remedio- y la falta de vida cultural. Tras un periodo de esplendor, que coincidió con mi etapa universitaria (era una maravilla, de día y de noche), la heroica ciudad volvió a dormir la siesta.
No hay mejor metáfora de la ciudad que su catedral incompleta. Es hermosa, pero le falta algo.

Gijón nunca tuvo catedrales pero sí tenía un faro. Costó construirlo pero iluminaba el horizonte. Sabían bien las familias de quienes allí moraban que "si hay luz, es que siguen vivos". Ahora la luz se apaga, la apagan. Ya no hay destellos, sólo queda el aburrimiento y la soledad. Como en Vetusta.

1 comentario:

Anónimo dijo...

este de los faros y torres esta bien